jueves, 2 de julio de 2009

Libros (Cortazar, Bolaño y la eterna nostalgia del retorno a un lugar que a veces se quiere)

Alguna vez en taller literario, alguien comento sobre haber leído a Cortázar y haberse enamorado de Buenos Aires. El, porque eso si me queda claro, comento que las descripciones que Cortázar le hacía a Buenos Aires estaban tan llenas de amor que uno no podía más que imaginarse a una novia increíblemente bella.

Yo en ese momento solo había leído a Borges, y si bien Borges amaba a Buenos Aires, también amaba a muchísimas cosas más, lo cual no hacía que a uno le entrara particular curiosidad. Además, en ese momento, estaba muy joven y pensaba, que en el fondo uno solo le podía ser fiel a un Argentino y Borges era el mío.

Ya en la universidad por fin leí rayuela. Acordándome del amor porteño y demás. Por fin entendí donde nace el sueño burgohippie de irse a Paris a reencontrar el sentido del ennui latinoamericano. Obviamente nadie comparte mi opinión sobre este cliché parisino, ya que bien saben que mantengo mi opinión de que Disneylandia es más divertido que Paris. Mi punto a final de cuentas: uno no necesita cruzar el océano para perderse dentro de si mismo. Ni siquiera para encontrarse. Tal vez Cortázar comparta esta opinión, pero aun así hay muchísima gente que agarra la fantasía de hacer el tour giglico.

Y la segunda parte de la discusión sobre el amor porteño, años antes de la rayuela: ¿Por qué no hay una carta de amor a la ciudad de México? La literatura Mexicana, excluyendo a Fuentes que no le escribe cartas de amor más que al Nobel, se interesa en el rancho y no en la ciudad a mi parecer. El rancho es magicomusicalmisterioso y la ciudad es fría, gris y acomplejada. No lo se. Igual me equivoco, yo solo leo Harry Potter a final de cuentas.

El punto es: Bolaño.

Roberto Bolaño no es mexicano. Es chileno. No se vino con el exilio, si no antes. Pero sus generaciones se empalman.

Roberto Bolaño escribió ‘los detectives salvajes’. Algunos críticos señalan esta novela como el punto final a la discusión que empezó rayuela.

Los temas son similares. Pero Arturo Belano es muchísimo menos EMO que Oliveira. Muchísimo menos refinado también. Oliveira siempre me dio un aire medio dandy, mientras a Belano nunca nunca le quitaron lo lacra asquerosa del mal.

Agradezco que en el punto final mexicano a la intriga argentina, jamás se mencione a la virgen de Guadalupe. Gracias por evitar el lugar común, Roberto.

El punto es: en esa novela hay dos grandes amores. Uno es por la literatura. Y otro por la ciudad de México, quien fácilmente, aunque esto solo lo dicen cuando hablan de sex and the city y nueva york, es otro personaje más de la novela. Es una ciudad deforme y lacrisima, y te dan ganas de vivir ahí hasta que te pinchas el brazo y te recuerdas que ya no tienes 16.

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